ARDE AMERICA

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miércoles, 30 de abril de 2014

 Extracto del discurso en Concepcion en el 30 aniversario de la caida en combate de Miguel Enriquez :
A la par con ello, el MIR definió su política de ‘No al asilo’ expresado en la consigna “El MIR no se asila”. Esta no fue una actitud voluntarista o antojadiza de la Dirección de entonces y no expresa una posición principista respecto del asilo en particular, sino que refleja la necesidad de la permanencia del MIR en Chile como fuerza política activa y actuante. Respondía no sólo al rol y responsabilidad histórica del MIR sino también, y sobre todo, a las necesidades de un pueblo que quedaba absolutamente desamparado de sus antiguas direcciones y que estaba siendo aplastado a sangre y fuego por una dictadura criminal y despiadada. Miguel explicó y defendió, en más de una ocasión, la validez y certeza de esta política. Por cierto, e independientemente de lo que digan los reconvertidos y renegados de hoy, esta fue una decisión moralmente justa y políticamente correcta.
En aquellos primeros meses, después del golpe, la Dirección se preocupó por conducir el repliegue del MIR, por organizar las fuerzas para la lucha clandestina, por activar los primeros núcleos que empezaran a golpear a la dictadura. Al mismo tiempo, trabajaba en la definición de una línea política que orientara el que hacer en la nueva situación; ésta se conoció en diciembre de ese año con el nombre de “La táctica del MIR en el actual período”, una de las últimas producciones teóricas de Miguel.
La represión, sin embargo, no daba respiro. A la andanada de ataques y golpes represivos a mansalva, provocados en los primeros tres meses de dictadura, el MIR logró sobrevivir a pesar de sufrir bajas considerables. Pero luego, la represión destinó fuerzas y recursos organizados específicamente en buscar, detectar y aniquilar al MIR. Los equipos especializados de exterminio comenzaron a tener éxito de manera creciente. En diciembre cae Bautista van Schouwen, en febrero, marzo y mayo del 74, sufrimos la caída de numerosos compañeros de dirección y cuadros de todo orden. El objetivo máximo de la represión era lograr la eliminación de Miguel y tras ello desata una feroz cacería.
En medio del acoso represivo Miguel no se esconde, permanece en la clandestinidad pero realizando una febril actividad. Descarta y rechaza absolutamente el hacer abandono del país, como le sugerían algunos compañeros de la Dirección. Por el contrario, intenta articular esfuerzos para tratar de ayudar a los detenidos; participa en el rechazo de intentos de negociaciones con la Fach; se involucra en la realización de las primeras acciones de propaganda armada realizadas en julio y agosto de ese año; se preocupa por amortiguar los efectos de los golpes represivos y reconectar a los regionales y bases del partido; interviene, desde la clandestinidad, en el acontecer político con declaraciones y entrevistas; acude personalmente a los puntos de contacto de mayor riesgo prescindiendo del uso de enlaces; es decir, a pesar de las limitaciones de la vida y accionar clandestino, Miguel era un líder de cuerpo presente.

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