El MIR una experiencia revolucionaria
UN ATAJO REVOLUCIONARIO
En los períodos en que el movimiento de masas vive el estancamiento, o el reflujo
prolongado de sus luchas, y en que el movimiento revolucionario enfrenta situaciones de
repliegue y aislamiento, la práctica política tiende a reproducirse con muy débil presencia en
los espacios en que se encauzan la vida social y política nacional. Es habitual que en esos
períodos se produzcan crisis orgánicas, que el movimiento se atomice en pequeños grupos
separados, o incluso enfrentados, por discrepancias ideológicas y políticas las más de las
veces sin vinculación real con la lucha de clases. Esos pequeños grupos tienden a tener una
vida política internista, de discusión y reflexión autocentrada, con mínima capacidad de
iniciativa táctica. Los que logran superar el internismo avanzan en su inserción social local,
logrando a veces arraigo en su barrio, en la escuela, o la fábrica, pero difícilmente logran
una incidencia en las dinámicas políticas y sociales regionales y nacionales. La acumulación
de fuerza política es molecular, principalmente a través del reclutamiento persona a persona
y mediante un prolongado trabajo ideológico. Esta era la situación que vivíamos los grupos
revolucionarios chilenos a fines de los años 50 y principios de los 60.

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