El MIR Chileno
Una experiencia revolucionaria
LA CUESTIÓN MILITAR
El banco estaba en Bilbao al llegar a Tobalaba. Miguel me pidió que hiciéramos un estudio del local y toda la cuadra, la gente que trabajaba allí, la ubicación de la caja fuerte, las oficinas del gerente y el tesorero que guardaban las llaves, el sistema de seguridad, la vigilancia policial y sus horarios, los negocios vecinos y teléfonos desde donde podían avisar a la policía, el colegio del frente, todo... Me apoyé en James y Javier que organizaron un grupo de vigilancia y consiguieron un departamento con vista al lugar. Durante un mes observamos el movimiento del banco y de la cuadra, levantamos un plano de la distribución interna del local después de visitarlo repetidamente con diversas justificaciones. Para sorprender a la seguridad, reducirla y evitar que accionaran los sistemas de alarma Miguel, Luciano y otros compañeros se vistieron de temo y corbata como acostumbraba hacerlo la policía civil, y al Guajiro (Víctor Romeo) lo disfrazamos de carabinero para custodiar la puerta mientras se desarrollaba la operación. Al Guajiro no le gustaba el revólver reglamentario de Carabineros, y aunque le advertimos que no lo hiciera, llevó una pistola al cinto escondida bajo la camisa del uniforme verde, la cual se le cayó por el interior del pantalón al suelo justo cuando entraba al banco. Sin quererlo, ayudó a distraer a todo el personal que se quedó mirando cómo el arma rodó por el piso.
Cuando levantaron la vista se encontraron con un grupo de hombres que, agitando falsas identificaciones policiales, exclamaban:
¡Policía de Investigaciones!
¡Control de divisas!.
De acuerdo al plan, en ese momento Miguel debía subirse de un salto al mostrador y sacando el
arma conminar a todo el mundo a tenderse en el suelo. Según el estudio previo el mostrador llegaba
a la cintura de una persona, sólo que el compañero que lo midió era un flaco muy alto. Miguel, que
no era muy alto ni atlético, no logró subirse. Entonces, Luciano se subió de un brinco y para
molestar a Miguel, le preguntó riéndose: ¿ Te ayudo?. En minutos ya estaban saliendo los
compañeros con bolsas llenas de dinero. En los ventanales del colegio del frente las muchachas se
habían percatado que algo inusual sucedía. Cuando Miguel y Luciano aparecieron, los reconocieron
pues sus fotografías aparecían en las primeras planas de los periódicos. Luciano, que tenía fama de
conquistador, se detuvo a saludar a las muchachas que gritaban y aplaudían levantando ambos
brazos que sostenían sendas bolsas de dinero. El dicho dice que quien ríe último ríe mejor. Miguel,
se volvió y le dijo entre serio y riéndose: Ya. Deja de hacer el payaso, y vamos. Luciano se puso
colorado. Se subieron ambos al auto puntero, que yo manejaba. Otros compañeros estaban en el
segundo auto y cerraba la caravana un tercer vehículo con los compadres de la emboscada de
contención. Emprendimos rápido la marcha, los neumáticos chirriando en el pavimento, algunos
compañeros con medio cuerpo fuera de las ventanillas vigilando cualquier reacción. Al llegar a una
esquina frené bruscamente y lo mismo hizo el resto de la caravana: ¿Qué pasó? ¿Por qué
paraste?, preguntó alarmado Miguel. Le indiqué el semáforo del tránsito, cuya luz roja estaba
encendida, comentándole: Podemos asaltar bancos, pero las leyes del tránsito hay que respetarlas.
La carcajada fue general.
¡Control de divisas!.

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